VIERNES. Hoy pensé que el recuerdo es un género literario. Soñé
que papá estaba sentado en el comedor, quejoso y de pies anulados. Yo lo
miraba, él hablaba en quejas, quiso rascarse el brazo y vi que lo tenía al
revés. Con boca de dolor y ojos así, se giró hasta dejarlo normal. Esta tarde,
cuando recordaba el sueño, concluí: papá está roto. Yo lo rompí. Con mis ojos. Recordé
el accidente de unos años atrás, que comprendí emparentado al sueño: volvíamos
de trabajar de albañiles, por la tarde. Él manejaba la moto que, además de
cargarme a mí, llevaba, enganchado, un carro con herramientas. Apareció otra
moto, yo y papá caímos. La moto aplastó su pierna. Al levantarla, vi que su pie
estaba al revés. Él dijo “me quebré” y, con su mano, forzó el pie a la posición
normal. Como en el sueño. Recuerdo a papá doliéndose. No, yo doliéndome del
dolor de papá. Me duele un padre. Y lo sigo quebrando para que no me lleve más
a su trabajo en la moto.
somos las historias que creemos ¿cuál fabricaste esta mañana para alzarte de la cama?
sábado, 12 de abril de 2014
martes, 8 de abril de 2014
DILUVIO
desde que entré
a tu cama
no paró de llover
son los árboles
que rezan
por nosotros
sábado, 22 de marzo de 2014
TRANSFLORACIÓN
la mujer asomó
tras la ventana
-pasé a saludarte
dijo
y traspasó el vidrio
domingo, 16 de marzo de 2014
TESTIGO DE JEHOVÁ
Yo iba a la primaria. La cajonera de la bajomesada no tenía
puerta. Supongo que buscaba un cortaúñas o el betún para lustrar los botines;
hallé las “Leyendas” de Bécquer. De tapa azul y blanca, con un pedacito quemado
en el borde inferior izquierdo. No comprendí bien qué estaba viendo (hasta
cierta edad, me moví por intuiciones, por pre-pensamientos, por sensaciones que
estaban por ser pensamientos, recuerdo mi esfuerzo por dilucidar los asuntos,
mi tristeza de no lograrlo-en jardín me ocurría mucho-, mi distracción y mi
pasar a otro plano más concreto, a hacer cosas, o a seguir deambulando hasta
encontrar preguntas que pudiera-con tanto placer-responderme. No recuerdo por
qué, pero yo era mi respondedor, y ante las dudas no consultaba con otros),
pero deseé comprenderlo. Tuve una vibración interna diferente ante la
contemplación de ese objeto lleno de letras, a pesar de su aspecto amarillento,
de un amarillo abandono. Estaba oculto, entre diarios viejos, objetos
inservibles, betunes para botines. Yo me sentí distinto mirándolo. Lo deseé,
como un adulto contempla y desea un idioma que no domina mientras mira una
película hermosa en ese idioma. Y uno sabe que es hermoso, y desea esa
hermosura, pero no llega. Así, ocultos y amarillentos, estuvieron los libros en
casa. Un día, un testigo de Jehová fanático, que sólo quería textos que lo influenciaran
a ser más puro ante Jehová, me prestó “L a tregua”, de Mario Benedetti; fue mi
primer cita fuerte con la literatura. Como que antes éramos amigos, pero desde
la lectura de “La tregua” que le confesé mi esclavitud, y nos hicimos amantes. Sé
que no es mi esposa, ni quiere. Es más, me engaña con otros lectores, y eso me
da felicidad. Volví a lo del testigo de Jehová, y me dijo que no quería libros
seculares en casa, y así se volvió mío, y hasta hoy lo guardo. Aquel fanático
no sabe que me inició en la adoración de la literatura, que gracias a su
santidad yo me convertí al literaturismo. Aquel sí que es un gran predicador.
Cuando alguien te presta un libro no tiene idea lo que hace ¡el dios de los
teólogos perdone a los creyentes prestadores de libros! ¡Más les valdría haber
blasfemado al espíritu santo! Gracias, Jehová, por poner tus hijos en el camino
de este hereje que no hace sino adorarte y pensar que vas más allá (y acá) de
todo nombre que busque decirte.
miércoles, 5 de marzo de 2014
no te enamorés de mí
con el amor viejo el
heredado el de los
registros civiles el
de la
costilla ausente el
que no te
enseñaron los pájaros
que tengo el corazón
emancipado/empoderado
de nombrar las cosas
como
las miro
no me ofrezcás tu
viejo amor que
en verdad no es tuyo
mi corazón sólo es
compatible
para ser clínicamente
exacto
con amores
arremolinados
y herejes como
tormentas frescas
la boca tuya tiene
que soltar un árbol nuevo cuando
dice te amo un árbol
salvaje
que se te creció en
las tripas y te maduró
en el clítoris
tiene que oler a
estrella tuya cazada
porque la bajaste a
pedradas del cielo
estrella de polvo que
no sabe volar más
que en mitad de tus
pechos
te bendigo
hereje
te ex comulgo
de los caballos
viejos
y los hombres que
tienen la alma
vencida
bienvenida sos a las
nuevas naves
al manicomio de los
hombres felices
quereme si me vas a
amar
pero robale al mundo
lo que te ha amputado
miércoles, 5 de febrero de 2014
hay obreros
escarbando
la luna
cantan mientras ponen
trocitos
en un balde
forman
una ronda
y se abrazan
mirando la luz del pozo
jueves, 16 de enero de 2014
MIÉRCOLES. Animal metafísico cargado de congojas. Reparador de los motores del alba. Esas son las ocupaciones de Altazor. Su oficio terrestre nunca es bien remunerado. El aguinaldo nunca llega y las empresas lo desdeñan. El estado no lo sustenta. Digamos que hace un trabajo, si no privado, al menos, individual. La Virgen fue quien lo llamó para que mire sus manos transparentes y lo ungió en su viaje en paracaídas. Porque para estar vivo hay que caer caer caer. Yes, let mi down!!! La más pura de las vírgenes, la menos híbrida.
En mi trabajo me pagan poco. Lo hago para el municipio, por
un lado, y para una entidad católica, por el otro. Ellos cada vez están más
arriba, los veo creciendo, cada vez conducen autos más veloces, usan aires
acondicionados más congelantes, compran zapatillas mejor equipadas. Yo, desde
esa perspectiva, voy cayendo. Es raro, porque soy el que caigo pero a la vez
los miro desde mis alturas. Pero yo tengo otras alturas, como que no vamos en
el mismo plano, yo caigo desde otra dimensión. Pero caer es crecer en mi mundo.
Cuando inauguraron la radio en la que trabajo, hubo gente reconocida. El
intendente dio un caluroso discurso, habló con el viejo más paralítico que
halló en el geriátrico, dijo cuánto y desde cuándo los quería, cerró entre
aplausos efusivos. Al rato volvió, como quien recuerda que olvidó decir algo y,
ya sin micrófono, anunció en el salón principal, ante las enfermeras: “los 400
pesos extra también son para los facturantes”. Ese “sobresueldo” es más de lo
que me pagan a mí por hacer la radio. Hubo un locutor de nivel nacional,
periodistas, intendente, el director de la radio, y a mí (que, casualmente, soy
el que hace todo en la radio) no me nombraron. Será por eso que aprendí a
observar la conducta de las mariposas. Que sé de qué color son los marcos de
las ventanas. Que recuerdo el tamaño de la espalda de la directora del
geriátrico. La entidad católica me paga menos aún, y me invita a retiros
espirituales en que me “retiro” de mi espiritualidad y recibo un discurso que
me deshumaniza y me enseña que tengo que amar a Dios y al prójimo sin esperar
nada a cambio. Hay una virgen donde se hacen los retiros. No se ve a través de
sus manos. Es una mezcla de humana y mito. De cristianismo y cultura pre romana
y pre colombina. Un género intermedio entre el canto gregoriano y la cumbia
villera.
Cuando pienso estas cosas me pongo triste y eso no es malo,
porque recuerdo que creo en mí y me pongo a dar martillazos contra la noche,
porque sé que atrás siempre hay una enorme luz. Y un árbol. Leer a Huidobro es
como oir a un Nietzsche pero más hermoso. Y, sobre todo, me devuelve la
identidad, me recuerda que soy un animal metafísico cargado de congojas,
reparador de los motores del alba.
martes, 7 de enero de 2014
LUNES. Desde que no veo a Cristo y la Biblia como La Verdad,
no pude amarrarme a ningún ismo. No logré que ninguno me justificara el paso
por la tierra. No me he atrevido a semejante parcialidad. En clase, hace unos
años, el profesor U. explicaba que la teoría literaria es como una casa que, en
su frente, tiene varias puertas (cinco, supongamos), y uno se asoma y observa
por el ojo de la cerradura de cada una de esas puertas, y detrás de cada puerta
ve una parte la casa, y puede describirla y nombrarla, y de hecho lo que dice
es correcto, pero no está viendo la casa, si no, una parte de ella; eso es la
teoría literaria. Se me hace que eso, también, es la Biblia, o Jesús, o las
historias que se cuentan en los pueblos, o el comunismo, o el intendente de mi
ciudad y los puentes y anfiteatros y fuegos artificiales portentosos y
“lasvegados” que él concreta. Yo no puedo amarrarme a un ismo. Además (sobre
todo, y por fortuna y voluntad), he aprendido a no necesitar ese tipo de
amarras. Puedo decir mi nombre sabiendo que es sólo una palabra, sin que esa
fugacidad y esa relatividad me perturben ¿por qué hay que creer en “algo”, sí o
sí? ¿de dónde esa urgencia de tener a quien obedecer, a quien responsabilizar
de nuestros actos y arrepentimientos, cómo es que nuestro deseo, asumido con la
clara y enorme y frágil humanidad que nos baila en los huesos, cómo es que ese
deseo nuestro de cada día no nos sea pan suficiente para comer alegremente y no
desfallecer, no nos alcance para fabricarnos un nombre propio sobre el planeta,
con el cual sepamos amar al humano que nos pasa por el lado y nos atraviesa la
columna, el hipotálamo? Yo no puedo amarrarme a ningún ismo. En todo caso, soy
un sismo.
***
Mi amiga S. me habló de Ignacio de Loyola. Dijo que él pensó
unos ejercicios espirituales que consisten en autocontemplarnos hasta descubrir
qué cosas de las que hacemos provienen de nuestros manantiales y cuáles de
nuestras heridas. Aquellos actos impulsados por heridas que traemos del pasado
son acciones enfermizas. Las otras, no. Para potenciarnos, expandirnos por ahí
hasta donde ni lo imaginamos, deberíamos actuar y decidir desde nuestros
manantiales, desde nuestro pedacito de luz. Ella quiere amar a una mujer sin
que se la mal observe por eso. Me parece noble y valiente. La envidio. Pero me
pregunto ¿no estará buscando quererse a sí misma? ¿no estará buscando en otras
mujeres a la madre que la abandonó? Y si es así ¿cuál es el problema? La tristeza,
en última instancia, es para quienes se resignan a vivir sin madre y no dejan
de extrañar su teta pero tampoco se animan a sacarla del ataúd y apuñalarla ¿cómo
puede un humano ser feliz sin matar a su madre luego que ella decidió destetarlo,
abandonarlo y/o irse a la muerte? Felices los matricidas, porque ellos
recibirán un abismo que los volverá incomprendidos y hermosos.
viernes, 3 de enero de 2014
Domingo. Bajan pájaros. La costanera está vestida de
árboles que hacen explotar relojes. Un auto es blanco porque parece una garza.
Qué sería de los autos si, primero, las garzas no hubieran habitado ríos. No
habría con qué compararlos, pobrecitos autos blancos. No sabríamos nombrarlos o
habría que emparentarlos a meros carteles de kioscos. Alaben, autos blancos,
porque han bajado pájaros.
Miércoles. Vi a T. con su hija y un hombre. Se apresuró a
explicar: “él es tal, y él es tal, somos todos hermanos en Cristo”. Dijo que yo
también, como aquel hombre, estaba descarriado. Como que la vida correcta es
montarse a un carro e ir siempre por el mismo carril. En eso pensé. Yo no tengo
carro, siquiera. Eso me alivia. Ella intentó ser amable con este vil pecador,
pero su amor es breve y tuvo que irse, con el hombre y su hija (supongo que a
andar por el carril adecuado. Yo, en todo caso, soy para ella un caprichoso
autito chocador). Él quiso averiguarme.
En vano, porque pregunta pero, en realidad, no oye mis respuestas. Él cree
saber lo que me pasa o lo que voy a contestarle. Se distrae rápido. Supone que
sabe cosas de la vida de los demás porque sabe cosas de su propia vida. Él no
sabe nada. Yo tampoco, pero al menos me dispongo a oírlo.
Estuve enamorado de ella. Lloré por su amor, que me arrebató
en nombre de Dios. Puso a Dios por motivo y dejó de quererme, ella. Cuando yo
era un humano cristocéntrico y bibliófilo. Creo que lo sigo siendo, aunque el
grueso de la gente (sobre todo los creyentes evangélicos) no lo noten ni se
esfuercen ni se atrevan a pensarlo. Dios se ha vuelto una cosa gigante que se
me metió para adentro. Me ensanchó la almita mía. Si ella lo supiera y si, en
verdad, ama a Dios, se sentiría atraída hacia mí como un humano hacia la
tierra. Ella lo sabe. Por eso no me mira. Por eso no soporta conversar conmigo.
Sabe que sería mi discípula, fiel y obsesa como ella es en todo lo que desea.
Siempre ha aplicado corsees a su deseo. Ella tiene el deseo mutilado y se
alimenta de que la deseen, del deseo de los otros. Por mi parte, no le daré de
comer. Sólo la veré cuando gire y se esté alejando.
***
Vi a N. de espalda. La voz temblorosa y el cuerpo hermoso.
La musculosa negra. Qué pena que esté tan loca con esa locura triste y
corrosiva. Parece no haber cambiado, y yo me he vuelto tan otro. Crucé de
vereda, con otra mujer. También loca.
***
Vino L. y durmió en casa. Es muy buena en la cama y sabe
conversar. Me dice que me quiere. Mi corazón se expande y no es que no la
quiera: es que la quiero más de lo que ella podría soportar. La quiero a ella y
quiero a su libertad caminándole por el cuerpo. Eso es lo que no soporta. Eso
es lo que algunas personas no entienden. Por eso no me atrevo a enamorarme de
los débiles. Los débiles necesitan ser fortalecidos, no amados con piedad
cristiana. Y mi amor es un fuego que no
sabe apagarse. Lástima; el mundo está lleno de bomberos. Mi corazón no
ha frenado. Puedo amarla a ella mientras miro un pájaro o masturbo otra
muchacha. Mi corazón va a crecer hasta atorarme la garganta. Moriré de él.
lunes, 23 de diciembre de 2013
éramos la muerte
antonia
con los pinos entristecidos
a mitad de la tarde
yo me dejé caer en tus ventanas
las de tu pelo
como un alpinista
que suelta la cuerda que lo amarra
al everest
vos sos mi montaña
antonia
y me caí sobre todas
tus rocas y sangro inmóvil
y pálido entre tus pezones
voy gritando auxilio sos me caiiigooo
pero es mentira: a mí me gusta
caerme encima tuyo sangrarme
todo y perder el conocimiento
y no volver a hallarlo
y que tu cintura sea mi plena
teología yo sé que puedo profetizar
que la salvación está en tus muslos
izar himnos en tu rodilla obligarme
a la alegría de confiarte mi muerte y mi pecado
buscarte en todo lo que es
porque donde voy hay átomos de tu boca
quiero caerme en vos
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