martes, 10 de febrero de 2015



un árbol asoma dentro
de cada pájaro
canta con el vientre
el alado

yo también sé
que si te como
tendré la voz más dulce
me pensarás gorrión
y preguntarás por mí
árbol tras árbol
¿qué árboles son esos?
dirás
inesperada bióloga
o convertida a la fe

de los que volamos

domingo, 8 de febrero de 2015



si te nombro
avestruz
de mi alma
es para hablar
dentro de tu aureola
la dulcísima
ave fría
montada al árbol
a la profecía
del astrólogo
porque está visto
en la noche
y sus meteoritos
y mi brújula

que te beso

sábado, 31 de enero de 2015



dónde están los bueyes
de ojos
de lámpara

extraño su cuerno dulce
la nena en sus ojos
hablando la paz

caemos sin los bueyes
yo y mi pelo
por un tobogán nervioso

alguien los ha cazado
y los vende en mc donald
o los colecciona
o los alquila a un pastor
de la iglesia universal

todos los bueyes están atrapados
en el micrófono del pastor rey
de la iglesia universal

cuando él habla por las hendijas
del aparato
brota un vaho dulzón
que hace brillar la mirada de los creye/clientes
eso parece la verdad
pero es un buey atrapado

que toca la cuerpalma de las gentes

viernes, 30 de enero de 2015



en la copa
 del árbol
oculté
tu nombre

le hablo
de la lluvia
y florece

un pájaro
lo ha olido
y avisó
que es primavera

le explico
que es enero

y tu nombre

martes, 27 de enero de 2015



si abro
la metáfora
que disperse
tu vestido
quieto
veré un jardín
con el nombre
de tu padre
a tu padre diciendo
se va a llamar
se va a callar
va a dejar al poeta
se va a quedar con gente bien
que le haga mal
tu padre saltando de la tumba
hasta tu cama
de noche
alto
poniendo florecitas
llorando
tu padre
brillante

hermoso deseándote


porque es la hora de tu pelo
y de sus átomos
señora
arde la mónada del mundo
los autos descarrilan en tu hombro
es la pira de la vía láctea
para quemar las ranas que practican
magia negra
las herejes que saltan nuestro amor
sin persignarse
saludos saludos al árbol sagrado

cánticos que alaben nuestro beso

sábado, 25 de octubre de 2014



QUE SE ACURRUQUEN
iba buscando tus ojos
como las tres gaviotas
que me hablan por la tarde
yo no he visto
otros ojos voladores
cantando junto al árbol
que me nace en la frente
el hondo pozo de los ojos
muy tuyos cabalgándote
la cara blanca
yo libero mis árboles
como pájaros húmedos
para que se acurruquen
en la cabeza de vos

sábado, 23 de agosto de 2014


HECHOS DE PALABRAS (O BREVE E IMPROVISADA AUTOBIOGRAFÍA ESCOLAR)

Algo me dice que estamos hechos de palabras. Una vez leí que Jorge Larrosa citó a Aristóteles: “el hombre es un viviente de palabra” (zoon logon). Cuando me preguntan quién soy me lo preguntan con palabras y yo respondo con mi nombre que, además de ser mi nombre, es una palabra. Andre Martinet decía que cada idioma es una visión del mundo. Recuerdo que un conocido, paraguayo él, me contó que en guaraní, cuando uno quiere decir “amigo”, lo que dice es “mi otro corazón”. Las palabras con las que me nombro y nombro al mundo vienen de España, que a su vez las tomó del latín, que a su vez las tomó del griego. En fin, las palabras son una curiosa invención humana que, por una ecuación hermosa, terminó siendo una curiosa invención de la palabra. ¿Qué es esto de remontarse al pasado como un barrilete que viaja hacia atrás y reconstruir nuestra identidad académica? ¿qué es esta consigna que se me ha dado?  /Me pregunto por qué rayos no acabé de leer la autobiografía académica de Van  Dijk, al menos tendría a quién imitar/¿quién soy yo en relación a la academia? ¿qué puedo traer de un lugar/¿lugar?/ que ya no existe? El principal problema del pasado es que ya no existe. Pero yo voy a jugar a que puedo decir algo cierto acerca de lo que pasó y que, esos acontecimientos, ciertos y ocurridos, tienen relación conmigo sentado escribiendo estas palabras. Mi arma es mi memoria atravesada por la palabra (supongo que un sapo también tiene memoria). Tomo este arma, la coloco con levedad en mi sien, las sinapsis hacen lo suyo para que yo explote de placer y, ahora sí, una vez expresada la imposibilidad de la empresa, me sumo al rebaño de hermosos humanos que intenta explicarse.
Me define la contradicción, la paradoja, incluso, a veces, el sinsentido. Por empezar, ¿por qué estoy en este banco universitario en lugar de estar besando una mujer mientras me envidian los extraterrestres, o contando un cuento a un niño enfermo, o escuchando las preguntas de mamá? Yo no elegí ir al jardín, a mí me fueron al jardín. Recuerdo que una vez lloré (no era real el llanto, me parecía que llorar era lo que correspondía, por eso lo hice), otra vez una compañera (María Belén) me tironeó de los pelos y no atiné a defenderme, pero llegó María Luz y me salvó (ahí aprendí que la luz es algo hermoso y cuando llega salva, y me enamoré de todo lo que fuera luminoso. Pero también sé, por eso, que, como canta Drexler, “no es la luz lo que importa en verdad, son los doce segundos de oscuridad”). Una vez vi una obra de títeres en la que los títeres interactuaban con el público (nosotros, los niños) y, además de esa belleza y el tironeo del pelo, recuerdo que una vez me pusieron en penitencia por algo que yo no había hecho. Creo que tengo un buen resumen (mi macroestructura del texto “jardín de infantes”es hartosubjetiva):
-llegada de la soledad y la noche
-salvación a manos de la luz (que tiene manos de mujer y ojos como corteza de árbol)
-penitencia injusta y, a la vez, aceptada y cumplida por mí, sin ningún tipo de resistencia externa
En la primaria me sentí cómodo, siempre aprendí con facilidad (cuando digo aprendí me refiero a aprobar los exámenes), salvo en matemáticas y otras cosas que llevan números (como llevar la cantidad necesaria de dinero como para no pasar hambre en los recreos). En segundo grado tuve una especie de pre pánico adelantado, temiendo que, quizá, en tercer grado, yo sería el único que no aprendería a escribir en cursiva. Llegó tercero y ni me di cuenta, pero aprendí al mismo ritmo que la mayoría de mis compañeros. Me gustaba escuchar y leer historias. No me hicieron leer mucho que yo recuerde, pero disfruté y cumplí las pocas lecturas literarias que me tocaron. En matemáticas siempre zafaba de algún modo. Yo parecía lo que se dice  buen chico, entonces las maestras me consentían y creían que cuando no llevaba hecha una tarea era por alguna extraña y justificada razón que, a ellas, les parecía evidente. Sólo dos maestras me reprocharon no haber llevado una tarea (una tarde improvisé un extensísimo trabalenguas porque no había llevado el que debí, pero era tan largo que la maestra lo notó y me retó mucho delante del curso-buenas tardes señorita ana maría).  Me gustó mucho hacer la primaria, me enteraba de informaciones que me llenaban la curiosidad y me daban placer. Por esas épocas empecé a creer, de a poco, en el cristianismo.
Hice la secundaria en una escuela pública en decadencia. Eso me agrada. Lo haría de nuevo, aunque tampoco yo elegí esa escuela. Iba a ir al Instituto la Santísima Trinidad, pero no alcanzaba la plata para recibir una supuesta buena educación. En esta etapa me convertí a la fe evangélica y gran parte de mi amor por el conocimiento, por las palabras, por el saber, lo llevé hacia ese lugar (me gusta la palabra lugar, como si hasta las ideas fueran un sitio que uno habita). Leí mucho tiempo la biblia y libros de teólogos y gente así. Debo agradecer a dios (en caso de que exista) el hecho de que mi hambre existencial (aún no saciada, lo cual tengo por una hermosa alegría) me llevó a buscarlo a él y enamorarme (apasionarme se diría en portugués) de los libros, de las historias, de la gente que tiene palabras para decir. Así pude comenzar a desarrollar mi universo (wittgesttein lo dice, creo, así:  “los límites de mi universo son los límites de mi lenguaje”). Hasta el día de hoy, mi padre nunca me ha comprado un libro, pero es interesante que una de las maneras en que los cristianos se refieren a dios es “padre”. Mi papá no es de contarme muchas historias, de llenarme de letras, pero es interesante que parece que Cristo dijo de sí mismo “yo soy el alfa y la omega” (primera y última letra del abecedario griego).  Supe, también en gran parte gracias a la secundaria, que me gustaban la literatura y la filosofía. En la universidad nos enseñan a ser críticos respectos del sistema educativo, de la institución escuela, y eso es algo que me agrada, pero, a la vez, yo sé por mi propia vivencia que, sin la escuela, yo hoy estaría trabajando por 16 pesos la hora, o mirando televisión. Yo soy yo y elijo mi vida, pero la escuela ha sido una herramienta poderosísima en la fabricación de mi universo. Es más, para ser crítico de la escuela, uso las herramientas que, en gran parte, ella me dio.
Al terminar la secundaria, estudié un año de teología en un instituto protestante de la provincia de Buenos Aires.
Como quería ser un escritor cristiano, entré a lo más parecido que vi: el profesorado de lengua y literatura. En el camino, me encontré con la filosofía y se me cayó la fe como se deja de querer a una novia que uno ha amado con los huesos al viento. Me convertí a las palabras. Ahora soy palabras, como dije al principio. Además, desarrollé mi amor por la literatura. Me volví un animal escribiente, una cosa diciente. Todavía no entiendo la gramática que me enseñan acá, todavía no lograron volverme oficialista, todavía no me decido a recibirme, pero, por alguna razón, insisto en frecuentar estas aulas, acepto trabajos insólitos para seguir estudiando, descubrí que la docencia es un lugar en el que habitaré con naturalidad (porque es una manera más de concretar algo que llevo como estilo de vida), etc., etc. Creo, también, que me gusta la teoría literaria y algunas cosas que se enseñan en materias como ésta. Pero sólo es una suposición; en el camino veré si estoy diciendo algo coherente.  

sábado, 12 de julio de 2014


esta noche
la valija
gris
con ruedas
que descansa
junto 
a la cama

me miró

domingo, 22 de junio de 2014



el inodoro
en casa
da al mar

tiré la
cadena
y vi al
hipocampo

-rezá por
 mí-

susurró