sábado, 23 de agosto de 2014


HECHOS DE PALABRAS (O BREVE E IMPROVISADA AUTOBIOGRAFÍA ESCOLAR)

Algo me dice que estamos hechos de palabras. Una vez leí que Jorge Larrosa citó a Aristóteles: “el hombre es un viviente de palabra” (zoon logon). Cuando me preguntan quién soy me lo preguntan con palabras y yo respondo con mi nombre que, además de ser mi nombre, es una palabra. Andre Martinet decía que cada idioma es una visión del mundo. Recuerdo que un conocido, paraguayo él, me contó que en guaraní, cuando uno quiere decir “amigo”, lo que dice es “mi otro corazón”. Las palabras con las que me nombro y nombro al mundo vienen de España, que a su vez las tomó del latín, que a su vez las tomó del griego. En fin, las palabras son una curiosa invención humana que, por una ecuación hermosa, terminó siendo una curiosa invención de la palabra. ¿Qué es esto de remontarse al pasado como un barrilete que viaja hacia atrás y reconstruir nuestra identidad académica? ¿qué es esta consigna que se me ha dado?  /Me pregunto por qué rayos no acabé de leer la autobiografía académica de Van  Dijk, al menos tendría a quién imitar/¿quién soy yo en relación a la academia? ¿qué puedo traer de un lugar/¿lugar?/ que ya no existe? El principal problema del pasado es que ya no existe. Pero yo voy a jugar a que puedo decir algo cierto acerca de lo que pasó y que, esos acontecimientos, ciertos y ocurridos, tienen relación conmigo sentado escribiendo estas palabras. Mi arma es mi memoria atravesada por la palabra (supongo que un sapo también tiene memoria). Tomo este arma, la coloco con levedad en mi sien, las sinapsis hacen lo suyo para que yo explote de placer y, ahora sí, una vez expresada la imposibilidad de la empresa, me sumo al rebaño de hermosos humanos que intenta explicarse.
Me define la contradicción, la paradoja, incluso, a veces, el sinsentido. Por empezar, ¿por qué estoy en este banco universitario en lugar de estar besando una mujer mientras me envidian los extraterrestres, o contando un cuento a un niño enfermo, o escuchando las preguntas de mamá? Yo no elegí ir al jardín, a mí me fueron al jardín. Recuerdo que una vez lloré (no era real el llanto, me parecía que llorar era lo que correspondía, por eso lo hice), otra vez una compañera (María Belén) me tironeó de los pelos y no atiné a defenderme, pero llegó María Luz y me salvó (ahí aprendí que la luz es algo hermoso y cuando llega salva, y me enamoré de todo lo que fuera luminoso. Pero también sé, por eso, que, como canta Drexler, “no es la luz lo que importa en verdad, son los doce segundos de oscuridad”). Una vez vi una obra de títeres en la que los títeres interactuaban con el público (nosotros, los niños) y, además de esa belleza y el tironeo del pelo, recuerdo que una vez me pusieron en penitencia por algo que yo no había hecho. Creo que tengo un buen resumen (mi macroestructura del texto “jardín de infantes”es hartosubjetiva):
-llegada de la soledad y la noche
-salvación a manos de la luz (que tiene manos de mujer y ojos como corteza de árbol)
-penitencia injusta y, a la vez, aceptada y cumplida por mí, sin ningún tipo de resistencia externa
En la primaria me sentí cómodo, siempre aprendí con facilidad (cuando digo aprendí me refiero a aprobar los exámenes), salvo en matemáticas y otras cosas que llevan números (como llevar la cantidad necesaria de dinero como para no pasar hambre en los recreos). En segundo grado tuve una especie de pre pánico adelantado, temiendo que, quizá, en tercer grado, yo sería el único que no aprendería a escribir en cursiva. Llegó tercero y ni me di cuenta, pero aprendí al mismo ritmo que la mayoría de mis compañeros. Me gustaba escuchar y leer historias. No me hicieron leer mucho que yo recuerde, pero disfruté y cumplí las pocas lecturas literarias que me tocaron. En matemáticas siempre zafaba de algún modo. Yo parecía lo que se dice  buen chico, entonces las maestras me consentían y creían que cuando no llevaba hecha una tarea era por alguna extraña y justificada razón que, a ellas, les parecía evidente. Sólo dos maestras me reprocharon no haber llevado una tarea (una tarde improvisé un extensísimo trabalenguas porque no había llevado el que debí, pero era tan largo que la maestra lo notó y me retó mucho delante del curso-buenas tardes señorita ana maría).  Me gustó mucho hacer la primaria, me enteraba de informaciones que me llenaban la curiosidad y me daban placer. Por esas épocas empecé a creer, de a poco, en el cristianismo.
Hice la secundaria en una escuela pública en decadencia. Eso me agrada. Lo haría de nuevo, aunque tampoco yo elegí esa escuela. Iba a ir al Instituto la Santísima Trinidad, pero no alcanzaba la plata para recibir una supuesta buena educación. En esta etapa me convertí a la fe evangélica y gran parte de mi amor por el conocimiento, por las palabras, por el saber, lo llevé hacia ese lugar (me gusta la palabra lugar, como si hasta las ideas fueran un sitio que uno habita). Leí mucho tiempo la biblia y libros de teólogos y gente así. Debo agradecer a dios (en caso de que exista) el hecho de que mi hambre existencial (aún no saciada, lo cual tengo por una hermosa alegría) me llevó a buscarlo a él y enamorarme (apasionarme se diría en portugués) de los libros, de las historias, de la gente que tiene palabras para decir. Así pude comenzar a desarrollar mi universo (wittgesttein lo dice, creo, así:  “los límites de mi universo son los límites de mi lenguaje”). Hasta el día de hoy, mi padre nunca me ha comprado un libro, pero es interesante que una de las maneras en que los cristianos se refieren a dios es “padre”. Mi papá no es de contarme muchas historias, de llenarme de letras, pero es interesante que parece que Cristo dijo de sí mismo “yo soy el alfa y la omega” (primera y última letra del abecedario griego).  Supe, también en gran parte gracias a la secundaria, que me gustaban la literatura y la filosofía. En la universidad nos enseñan a ser críticos respectos del sistema educativo, de la institución escuela, y eso es algo que me agrada, pero, a la vez, yo sé por mi propia vivencia que, sin la escuela, yo hoy estaría trabajando por 16 pesos la hora, o mirando televisión. Yo soy yo y elijo mi vida, pero la escuela ha sido una herramienta poderosísima en la fabricación de mi universo. Es más, para ser crítico de la escuela, uso las herramientas que, en gran parte, ella me dio.
Al terminar la secundaria, estudié un año de teología en un instituto protestante de la provincia de Buenos Aires.
Como quería ser un escritor cristiano, entré a lo más parecido que vi: el profesorado de lengua y literatura. En el camino, me encontré con la filosofía y se me cayó la fe como se deja de querer a una novia que uno ha amado con los huesos al viento. Me convertí a las palabras. Ahora soy palabras, como dije al principio. Además, desarrollé mi amor por la literatura. Me volví un animal escribiente, una cosa diciente. Todavía no entiendo la gramática que me enseñan acá, todavía no lograron volverme oficialista, todavía no me decido a recibirme, pero, por alguna razón, insisto en frecuentar estas aulas, acepto trabajos insólitos para seguir estudiando, descubrí que la docencia es un lugar en el que habitaré con naturalidad (porque es una manera más de concretar algo que llevo como estilo de vida), etc., etc. Creo, también, que me gusta la teoría literaria y algunas cosas que se enseñan en materias como ésta. Pero sólo es una suposición; en el camino veré si estoy diciendo algo coherente.  

sábado, 12 de julio de 2014


esta noche
la valija
gris
con ruedas
que descansa
junto 
a la cama

me miró

domingo, 22 de junio de 2014



el inodoro
en casa
da al mar

tiré la
cadena
y vi al
hipocampo

-rezá por
 mí-

susurró

lunes, 12 de mayo de 2014



SUBEN LA FOTO A FACEBOOK

la gente está mal
comen cogen
van a sus trabajos
cagan
suben a facebook fotos abrazados
toman café piden pizza
el sábado a la noche
van al teatro
se ponen de novio
se casan compran el auto
bautizan a su hijo con agua bendita
y suben la foto a facebook
que capta el agua pero no el milagro
los esposos crían panza
y las esposas se enojan
si los esposos las engañan
hay que comprarle los remedios
al nene
y hay que ir al colegio
a la reunión
y trabajar horas extra
para pagar vacaciones a brasil
y subir la foto a facebook
y automedicarse contra el estrés
y la gastritis
y ver qué mal va el país
y decir antes los jóvenes eran respetuosos
y hacer horas extra
o comprar alguna cosa
o subir fotos a facebook
para no estar quieto
para no extrañar la paz
para que no los quiebre
como un mazazo el amor o la tristeza
para que no miren el colibrí
lumínico
 montado al viento
y se pregunten si dios
habita la rama del cerezo
si la muerte es un sombrero que
nos hace hermosos
 y altos
 si la alegría humana atraviesa
paredes como un fusil dulce y a cuadritos
si la gente está mal

sábado, 10 de mayo de 2014




sos
casa
de paz

por eso
te
nombro

donde
 haya

 luz

sábado, 12 de abril de 2014



VIERNES. Hoy pensé que el recuerdo es un género literario. Soñé que papá estaba sentado en el comedor, quejoso y de pies anulados. Yo lo miraba, él hablaba en quejas, quiso rascarse el brazo y vi que lo tenía al revés. Con boca de dolor y ojos así, se giró hasta dejarlo normal. Esta tarde, cuando recordaba el sueño, concluí: papá está roto. Yo lo rompí. Con mis ojos. Recordé el accidente de unos años atrás, que comprendí emparentado al sueño: volvíamos de trabajar de albañiles, por la tarde. Él manejaba la moto que, además de cargarme a mí, llevaba, enganchado, un carro con herramientas. Apareció otra moto, yo y papá caímos. La moto aplastó su pierna. Al levantarla, vi que su pie estaba al revés. Él dijo “me quebré” y, con su mano, forzó el pie a la posición normal. Como en el sueño. Recuerdo a papá doliéndose. No, yo doliéndome del dolor de papá. Me duele un padre. Y lo sigo quebrando para que no me lleve más a su trabajo en la moto.

martes, 8 de abril de 2014




DILUVIO

desde que entré
a tu cama
no paró de llover

son los árboles
que rezan
por nosotros

sábado, 22 de marzo de 2014


TRANSFLORACIÓN

la mujer asomó
tras la ventana

-pasé a saludarte

dijo


y traspasó el vidrio

domingo, 16 de marzo de 2014



TESTIGO DE JEHOVÁ


Yo iba a la primaria. La cajonera de la bajomesada no tenía puerta. Supongo que buscaba un cortaúñas o el betún para lustrar los botines; hallé las “Leyendas” de Bécquer. De tapa azul y blanca, con un pedacito quemado en el borde inferior izquierdo. No comprendí bien qué estaba viendo (hasta cierta edad, me moví por intuiciones, por pre-pensamientos, por sensaciones que estaban por ser pensamientos, recuerdo mi esfuerzo por dilucidar los asuntos, mi tristeza de no lograrlo-en jardín me ocurría mucho-, mi distracción y mi pasar a otro plano más concreto, a hacer cosas, o a seguir deambulando hasta encontrar preguntas que pudiera-con tanto placer-responderme. No recuerdo por qué, pero yo era mi respondedor, y ante las dudas no consultaba con otros), pero deseé comprenderlo. Tuve una vibración interna diferente ante la contemplación de ese objeto lleno de letras, a pesar de su aspecto amarillento, de un amarillo abandono. Estaba oculto, entre diarios viejos, objetos inservibles, betunes para botines. Yo me sentí distinto mirándolo. Lo deseé, como un adulto contempla y desea un idioma que no domina mientras mira una película hermosa en ese idioma. Y uno sabe que es hermoso, y desea esa hermosura, pero no llega. Así, ocultos y amarillentos, estuvieron los libros en casa. Un día, un testigo de Jehová fanático, que sólo quería textos que lo influenciaran a ser más puro ante Jehová, me prestó “L a tregua”, de Mario Benedetti; fue mi primer cita fuerte con la literatura. Como que antes éramos amigos, pero desde la lectura de “La tregua” que le confesé mi esclavitud, y nos hicimos amantes. Sé que no es mi esposa, ni quiere. Es más, me engaña con otros lectores, y eso me da felicidad. Volví a lo del testigo de Jehová, y me dijo que no quería libros seculares en casa, y así se volvió mío, y hasta hoy lo guardo. Aquel fanático no sabe que me inició en la adoración de la literatura, que gracias a su santidad yo me convertí al literaturismo. Aquel sí que es un gran predicador. Cuando alguien te presta un libro no tiene idea lo que hace ¡el dios de los teólogos perdone a los creyentes prestadores de libros! ¡Más les valdría haber blasfemado al espíritu santo! Gracias, Jehová, por poner tus hijos en el camino de este hereje que no hace sino adorarte y pensar que vas más allá (y acá) de todo nombre que busque decirte.  

miércoles, 5 de marzo de 2014



no te enamorés de mí
con el amor viejo el heredado el de los
registros civiles el de la
costilla ausente el que no te
enseñaron los pájaros
que tengo el corazón emancipado/empoderado
de nombrar las cosas como
las miro
no me ofrezcás tu viejo amor que
en verdad no es tuyo
mi corazón sólo es compatible
para ser clínicamente exacto
con amores arremolinados
y herejes como tormentas frescas
la boca tuya tiene que soltar un árbol nuevo cuando
dice te amo un árbol salvaje
que se te creció en las tripas y te maduró
en el clítoris
tiene que oler a estrella tuya cazada
porque la bajaste a pedradas del cielo
estrella de polvo que no sabe volar más
que en mitad de tus pechos
te bendigo
hereje
te ex comulgo
de los caballos viejos
y los hombres que tienen la alma
vencida
bienvenida sos a las nuevas naves
al manicomio de los hombres felices
quereme si me vas a amar

pero robale al mundo lo que te ha amputado