sábado, 12 de julio de 2014


esta noche
la valija
gris
con ruedas
que descansa
junto 
a la cama

me miró

domingo, 22 de junio de 2014



el inodoro
en casa
da al mar

tiré la
cadena
y vi al
hipocampo

-rezá por
 mí-

susurró

lunes, 12 de mayo de 2014



SUBEN LA FOTO A FACEBOOK

la gente está mal
comen cogen
van a sus trabajos
cagan
suben a facebook fotos abrazados
toman café piden pizza
el sábado a la noche
van al teatro
se ponen de novio
se casan compran el auto
bautizan a su hijo con agua bendita
y suben la foto a facebook
que capta el agua pero no el milagro
los esposos crían panza
y las esposas se enojan
si los esposos las engañan
hay que comprarle los remedios
al nene
y hay que ir al colegio
a la reunión
y trabajar horas extra
para pagar vacaciones a brasil
y subir la foto a facebook
y automedicarse contra el estrés
y la gastritis
y ver qué mal va el país
y decir antes los jóvenes eran respetuosos
y hacer horas extra
o comprar alguna cosa
o subir fotos a facebook
para no estar quieto
para no extrañar la paz
para que no los quiebre
como un mazazo el amor o la tristeza
para que no miren el colibrí
lumínico
 montado al viento
y se pregunten si dios
habita la rama del cerezo
si la muerte es un sombrero que
nos hace hermosos
 y altos
 si la alegría humana atraviesa
paredes como un fusil dulce y a cuadritos
si la gente está mal

sábado, 10 de mayo de 2014




sos
casa
de paz

por eso
te
nombro

donde
 haya

 luz

sábado, 12 de abril de 2014



VIERNES. Hoy pensé que el recuerdo es un género literario. Soñé que papá estaba sentado en el comedor, quejoso y de pies anulados. Yo lo miraba, él hablaba en quejas, quiso rascarse el brazo y vi que lo tenía al revés. Con boca de dolor y ojos así, se giró hasta dejarlo normal. Esta tarde, cuando recordaba el sueño, concluí: papá está roto. Yo lo rompí. Con mis ojos. Recordé el accidente de unos años atrás, que comprendí emparentado al sueño: volvíamos de trabajar de albañiles, por la tarde. Él manejaba la moto que, además de cargarme a mí, llevaba, enganchado, un carro con herramientas. Apareció otra moto, yo y papá caímos. La moto aplastó su pierna. Al levantarla, vi que su pie estaba al revés. Él dijo “me quebré” y, con su mano, forzó el pie a la posición normal. Como en el sueño. Recuerdo a papá doliéndose. No, yo doliéndome del dolor de papá. Me duele un padre. Y lo sigo quebrando para que no me lleve más a su trabajo en la moto.

martes, 8 de abril de 2014




DILUVIO

desde que entré
a tu cama
no paró de llover

son los árboles
que rezan
por nosotros

sábado, 22 de marzo de 2014


TRANSFLORACIÓN

la mujer asomó
tras la ventana

-pasé a saludarte

dijo


y traspasó el vidrio

domingo, 16 de marzo de 2014



TESTIGO DE JEHOVÁ


Yo iba a la primaria. La cajonera de la bajomesada no tenía puerta. Supongo que buscaba un cortaúñas o el betún para lustrar los botines; hallé las “Leyendas” de Bécquer. De tapa azul y blanca, con un pedacito quemado en el borde inferior izquierdo. No comprendí bien qué estaba viendo (hasta cierta edad, me moví por intuiciones, por pre-pensamientos, por sensaciones que estaban por ser pensamientos, recuerdo mi esfuerzo por dilucidar los asuntos, mi tristeza de no lograrlo-en jardín me ocurría mucho-, mi distracción y mi pasar a otro plano más concreto, a hacer cosas, o a seguir deambulando hasta encontrar preguntas que pudiera-con tanto placer-responderme. No recuerdo por qué, pero yo era mi respondedor, y ante las dudas no consultaba con otros), pero deseé comprenderlo. Tuve una vibración interna diferente ante la contemplación de ese objeto lleno de letras, a pesar de su aspecto amarillento, de un amarillo abandono. Estaba oculto, entre diarios viejos, objetos inservibles, betunes para botines. Yo me sentí distinto mirándolo. Lo deseé, como un adulto contempla y desea un idioma que no domina mientras mira una película hermosa en ese idioma. Y uno sabe que es hermoso, y desea esa hermosura, pero no llega. Así, ocultos y amarillentos, estuvieron los libros en casa. Un día, un testigo de Jehová fanático, que sólo quería textos que lo influenciaran a ser más puro ante Jehová, me prestó “L a tregua”, de Mario Benedetti; fue mi primer cita fuerte con la literatura. Como que antes éramos amigos, pero desde la lectura de “La tregua” que le confesé mi esclavitud, y nos hicimos amantes. Sé que no es mi esposa, ni quiere. Es más, me engaña con otros lectores, y eso me da felicidad. Volví a lo del testigo de Jehová, y me dijo que no quería libros seculares en casa, y así se volvió mío, y hasta hoy lo guardo. Aquel fanático no sabe que me inició en la adoración de la literatura, que gracias a su santidad yo me convertí al literaturismo. Aquel sí que es un gran predicador. Cuando alguien te presta un libro no tiene idea lo que hace ¡el dios de los teólogos perdone a los creyentes prestadores de libros! ¡Más les valdría haber blasfemado al espíritu santo! Gracias, Jehová, por poner tus hijos en el camino de este hereje que no hace sino adorarte y pensar que vas más allá (y acá) de todo nombre que busque decirte.  

miércoles, 5 de marzo de 2014



no te enamorés de mí
con el amor viejo el heredado el de los
registros civiles el de la
costilla ausente el que no te
enseñaron los pájaros
que tengo el corazón emancipado/empoderado
de nombrar las cosas como
las miro
no me ofrezcás tu viejo amor que
en verdad no es tuyo
mi corazón sólo es compatible
para ser clínicamente exacto
con amores arremolinados
y herejes como tormentas frescas
la boca tuya tiene que soltar un árbol nuevo cuando
dice te amo un árbol salvaje
que se te creció en las tripas y te maduró
en el clítoris
tiene que oler a estrella tuya cazada
porque la bajaste a pedradas del cielo
estrella de polvo que no sabe volar más
que en mitad de tus pechos
te bendigo
hereje
te ex comulgo
de los caballos viejos
y los hombres que tienen la alma
vencida
bienvenida sos a las nuevas naves
al manicomio de los hombres felices
quereme si me vas a amar

pero robale al mundo lo que te ha amputado   

miércoles, 5 de febrero de 2014





hay obreros
escarbando
la luna

cantan mientras ponen
trocitos
en un balde

forman
una ronda
y se abrazan
mirando la luz del pozo