LUNES. Desde que no veo a Cristo y la Biblia como La Verdad,
no pude amarrarme a ningún ismo. No logré que ninguno me justificara el paso
por la tierra. No me he atrevido a semejante parcialidad. En clase, hace unos
años, el profesor U. explicaba que la teoría literaria es como una casa que, en
su frente, tiene varias puertas (cinco, supongamos), y uno se asoma y observa
por el ojo de la cerradura de cada una de esas puertas, y detrás de cada puerta
ve una parte la casa, y puede describirla y nombrarla, y de hecho lo que dice
es correcto, pero no está viendo la casa, si no, una parte de ella; eso es la
teoría literaria. Se me hace que eso, también, es la Biblia, o Jesús, o las
historias que se cuentan en los pueblos, o el comunismo, o el intendente de mi
ciudad y los puentes y anfiteatros y fuegos artificiales portentosos y
“lasvegados” que él concreta. Yo no puedo amarrarme a un ismo. Además (sobre
todo, y por fortuna y voluntad), he aprendido a no necesitar ese tipo de
amarras. Puedo decir mi nombre sabiendo que es sólo una palabra, sin que esa
fugacidad y esa relatividad me perturben ¿por qué hay que creer en “algo”, sí o
sí? ¿de dónde esa urgencia de tener a quien obedecer, a quien responsabilizar
de nuestros actos y arrepentimientos, cómo es que nuestro deseo, asumido con la
clara y enorme y frágil humanidad que nos baila en los huesos, cómo es que ese
deseo nuestro de cada día no nos sea pan suficiente para comer alegremente y no
desfallecer, no nos alcance para fabricarnos un nombre propio sobre el planeta,
con el cual sepamos amar al humano que nos pasa por el lado y nos atraviesa la
columna, el hipotálamo? Yo no puedo amarrarme a ningún ismo. En todo caso, soy
un sismo.
***
Mi amiga S. me habló de Ignacio de Loyola. Dijo que él pensó
unos ejercicios espirituales que consisten en autocontemplarnos hasta descubrir
qué cosas de las que hacemos provienen de nuestros manantiales y cuáles de
nuestras heridas. Aquellos actos impulsados por heridas que traemos del pasado
son acciones enfermizas. Las otras, no. Para potenciarnos, expandirnos por ahí
hasta donde ni lo imaginamos, deberíamos actuar y decidir desde nuestros
manantiales, desde nuestro pedacito de luz. Ella quiere amar a una mujer sin
que se la mal observe por eso. Me parece noble y valiente. La envidio. Pero me
pregunto ¿no estará buscando quererse a sí misma? ¿no estará buscando en otras
mujeres a la madre que la abandonó? Y si es así ¿cuál es el problema? La tristeza,
en última instancia, es para quienes se resignan a vivir sin madre y no dejan
de extrañar su teta pero tampoco se animan a sacarla del ataúd y apuñalarla ¿cómo
puede un humano ser feliz sin matar a su madre luego que ella decidió destetarlo,
abandonarlo y/o irse a la muerte? Felices los matricidas, porque ellos
recibirán un abismo que los volverá incomprendidos y hermosos.