domingo, 16 de junio de 2013

Sí, todas las hojas son del viento


Sí, Flaco; todas las hojas son del viento. Vi una muy pálida en el piso. La levanté. Llevaba algo humano, un poco de homo habitándola. Me sentí acompañado cuando la tomé. La guardé en mi bolsillo. Pensé que era una mujer la hoja, una mujer con los ojos amargos, con los ojos más amargos que vi en una hoja. No me miró, y está bien. Su tristeza la llevaba de los ojos, para qué quería que me mire. No se aprende a estar triste de un momento a otro; al principio cuesta, uno tiende al optimismo, busca vías de demostración de la existencia de Dios, cavila acerca de que las cosas pasan por algo, busca dar un orden coherente al mundo en que ha caído, ensaya despreocupaciones casi monásticas, fuertes paces casi ascéticas. Eso es todo, ahí cabe la vida como una narración ingeniosa: está uno, mago de las palabras, atónito gambeteando uno tras otro el devenir del cosmos, hasta que se queda sin cintura léxica y escupe, vulgar. Entonces se acepta que uno es un humano acontecido en la tierra, que morir no es otra cosa que arder en metáforas, que las palabras son bellas y, al fin y al cabo, les debemos casi todo. Oh, benditas palabras, no se me mueran antes que esta hoja/mujer de ojos tristes, no me suelten que el viaje es breve y a veces me han hecho reír ¿es que hemos llegado a esta casa ovalada para encontrarnos muriendo con sentido? Acá va toda mi paz y no me verán más desnudo que con ella de la mano. Me costó mucho volverme un hombre triste, no piensen que voy a resignar mi tristeza de un instante a otro. Yo cultivo mi tristeza, me llevó mucho armarla y creo que es una tristeza muy grave, no voy a permitir que un comentario banal o un pastor de alma tuerta o una mujer de piernas fáciles la derriben en un gesto rápido y predecible. Mi tristeza es una casa construida en la roca, no una alegría hecha encima de la arena. Caminé un largo rato en el viento y el frío. Puse la mano en el bolsillo y supe que la hoja estaba ahí. Esta tristeza mía no es que yo sea humano débil; estoy orgulloso de mi tristeza ¿por qué la inquieren? ¿es que tanto les incomoda? ¿van a seguir mirándome con esos ojos de hermano mayor evangélico obedeciendo el mandato del amor? ¿van a seguir pensando que tienen el remedio, que pobre de mí que no lo tomo? ¿se creen que estar triste es eso que piensan? Mi tristeza me ha hecho un hombre fuerte y hermoso, un perdedor invencible y, más aún, inimitable ¿quién estira el brazo y toma mi trsiteza? ¿quién es ese/a que asoma su nariz por entre mis tetillas y oye la caverna que late contra todos los mitos y por amor a la belleza de ellos? Acá estoy, que me abrace el que pueda sostenerme, que me contemple y no huya avergonzado. Yo soy un hombre triste porque lo he perdido (¡lo he tirado!) todo, y eso me da una alegría mayor que la de cualquier profeta y cualquier bailarina (y ninguna bailarina cortará mi cabeza de profeta). Me paré sobre mis piernas y mis ideas, nunca fui más alto que a esta hora de la noche ¡qué hermoso soy cuando me amo! Voy a sacar la hoja del bolsillo, la hoja pálida: la noto distinta, yo la quería para muchas horas, yo se la iba a regalar a otro homo sapiens sapiens. Pero se había despedazado, ella malquería mi bolsillo, yo dije bolsillo y ella entendió jaula, y se explotó toda sola, y se hizo pedacitos hermosos. Para qué quería que me mire si la tristeza la llevaba de los ojos. Yo la junté de mi/su  jaula/bolsillo. La arrojé. Sí, Flaco/él las mueve hasta en la muerte/, tenés razón; todas las hojas son del viento. 

miércoles, 12 de junio de 2013



querida 
hoy no tengo
ramos de meteoritos
que regalarte

¿vas a recordarme
para que no me sienta
solo?

volá si querés
sin ponerte ojos

pero por favor
mutilemos a los baobabs
y después abrazame


lunes, 3 de junio de 2013


mujer que usa la boca para una sola cosa

ella me habla bla bla bla
tiene las palabras atoradas en la garganta y espera
que yo llegue para decirme cosas y cosas
que ella me quiere contar
porque somos amigos
por eso quiere hablarme blarme blarme blarme
yo ya le he dicho muchas palabras
porque a ella la hace feliz que
yo le hable ble ble ble
y a veces la miro y me pregunto
hasta cuándo querrá hablar
más y más palabras
como si fuéramos dos diccionarios
con sinónimos y antónimos en el apéndice
y si quiero juntar nuestras bocas
como dos sirenitas lesbianas
para acabar con las palabras
y decirlo todo a dos lenguas
ella sólo sabe decir
pará
te estoy diciendo que
no
pará
hablemos
blemos
blemos
blemos
para eso buscate un libro
le digo
o volvé a creer en dios os os